Hoy os vengo a hablar de un tema que siempre preocupa a padres y educadores: los famosos límites.

Cuando apostamos por la crianza respetuosa no debemos confundirnos y pensar que el hecho de querer desarrollar relaciones sanas basadas en el amor y el respeto mutuo en la familia implica que no debemos establecer límites: nada más lejos de la realidad. Los límites son algo natural en la vida y no debemos olvidar que proporcionan seguridad al niño y le sirven para acompañarle hacia una madurez sana.

Nuestras generaciones anteriores vivían este tema de una forma muy diferente, había poca libertad y quizá demasiadas prohibiciones, fueron educados en una sociedad patriarcal que fomentaba relaciones muy autoritarias, (tengo que obedecer lo que dice mi padre, mi maestro, mi jefe, el cura, el policía, etc). En ocasiones esto ha hecho que se crezca con cierto resentimiento y a la hora de tener los propios hijos se haya pasado al extremo opuesto, a la completa horizontalidad, que en algunos casos puede llegar a confundir a los niños y ayudarles poco.

Padres y educación

¿Qué tipo de educador quieres ser?

Existen tres tipos de enfoques, más un cuarto que a continuación os explico:

1.Autoritarismo: el padre/madre/educador se impone por encima del niño y hace valer su voluntad por encima de cualquier cosa imponiendo la sumisión del niño, (castigos, gritos, nalgadas..).

Esto produce un distanciamiento afectivo entre padre e hijo, lo que genera rabia en el menor y, en el largo plazo, puede llevar a que él se revele ante todo lo impuesto o viva reprimido, incapaz de decidir por sí mismo. Puede llevar riesgo indefensión aprendida., y sobre este punto recomiendo este excepcional artículo de Olga Carmona.

2.Permisividad: el padre/madre/educador da al niño una libertad incontrolada, sin límites, normas ni consecuencias, incluso sin actuar ante conductas irrespetuosas o irresponsables del niño.

Esto genera ansiedad y le impide al niño aprender a esperar sus deseos, (cultura de la inmediatez).  A la larga se convierte en una persona con baja tolerancia a la frustración y que se deja llevar sin evaluar lo que es mejor a largo plazo.

3.Sana autoridad: el niño reconoce una figura que está sobre él, que sabe más, por lo que lo puede proteger y le muestra con cariño cual es el camino correcto.Esto hace que el niño se sienta seguro de sí mismo, se sabe libre en sus elecciones, capaz de guiarse por normas de convivencia y de postergarse a sí mismo en función de otros. Dueño de si mismo y su futuro.

4.Ambivalencia: son padres que se ubican entre el autoritarismo y la permisividad, que lo que prohíben hoy lo permiten mañana, generando una enorme confusión al niño sobre las normas a seguir.

Este es el enfoque más peligroso de todos,  puede generar mucha inestabilidad emocional a los niños en lugar de trasmitirles confianza y firmeza. A la larga pueden seguir normas, pero sin tener ninguna conciencia ni consistencia de las razones que hay detrás de ellas.

¿Cómo se enfoca este tema en la Filosofía Montessori?

Me resulta muy curioso ver cómo algunas veces se tienen creencias equivocadas sobre la pedagogía Montessori, que incluso a veces son radicalmente opuestas. Algunos padres piensan que en las escuelas basadas en pedagogías alternativas hay una ausencia total de disciplina, y que “los niños hacen lo que quieren“. Otros piensan que el método es muy riguroso y que está basado en unas normas muy estrictas que se deben seguir al pie de la letra.

Escuela Montessori

Hay una cita de María Montessori que me encanta y que explica perfectamente el equilibrio al que se debe llegar:

Libertad y límites son dos caras de una misma moneda: no puedes tener una sin la otra.

El método Montessori y muchas de las pedagogías respetuosas se basan en la libertad del niño, para que pueda elegir la actividad a realizar en función del momento de desarrollo en el que se encuentre, siguiendo sus intereses y atendiendo a sus periodos sensibles. Pero para que haya libertad tiene que haber límites.

Por tanto, repasando los estilos de autoridad que he explicado antes creo que la mejor opción es  apostar por buscar un enfoque democrático basado en una sana autoridad. Pocos límites pero muy claros.

Y en este tema me encanta el enfoque de la Disciplina Positiva, (ya te hablé de ella en este artículo del blog), una metodología que nos ayuda a solucionar los desafíos a los que nos encontramos en la crianza y la educación.

En el próximo post voy a contarte las claves para establecer unos buenos límites y cómo enfocarlos según la edad del niño y el plano de desarrollo en el que se encuentra.

Mientras tanto me despido con esta cita y este vídeo para reflexionar, espero que te guste, ¡te leo en los comentarios!

“El principio de la educación es predicar con el ejemplo.” Turgot (1727-1781)

Educar con el ejemplo

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