Queridos amigos,

Hoy traemos un nuevo artículo de Elena Rubio, de www.eneacoachingpsicologia.com que nos hace una sincera reflexión sobre un tema en el que todo el mundo opina sin a veces conocer las circunstancias de cada caso personal.. Os invito a leerlo y seguir su trabajo en su página de Facebook. 

Ahí va!

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En generaciones anteriores, a nuestras madres se les inculcaba enseguida, cuando empezaban a dar de mamar, que tenían poca leche o que no alimentaba lo suficiente, y se pasaba rápido a la leche en polvo.

Sin embargo, desde hace unas décadas, el impulso que ha tomado la lactancia materna, sus beneficios tanto para la madre como para el bebé están quedando patentes. Son indiscutibles.  Parece que está científicamente probado que para el bebé son todo ventajas (para el sistema inmunitario, crecimiento, y un largo etcétera que no voy a explicar aquí porque ya de sobra lo habréis escuchado y leído en mil sitios). Para la madre también son todo beneficios, incluida la reducción de probabilidades de cáncer de mama. Por no hablar del incremento del vínculo especial que se sigue generando entre madre y bebé en este proceso.

Esta última parte iría muy asociada al establecimiento de un apego seguro en el bebé, sintiéndose arropado, abrazado y alimentado por su madre. Un factor más que suma a la importancia de la lactancia materna.

Y así nos lo hacen saber en las clases de preparto las matronas. Hay que fomentar la lactancia materna por encima de todo, y tratar de amamantar al bebé justo tras el parto.

Lactancia materna

Y si todo sale bien, hay un buen parto, el bebé no va  a la incubadora, la mamá sale sin problemas, el bebé se engancha bien y va aumentando de peso según estiman los pediatras, no aparecen grietas, mastitis u otras lesiones… todo es genial. La mamá y el bebé son felices y todo sigue su cauce natural.

Pero… ¿qué les ocurre a aquellas mamás cuando después de haber escuchado y leído las maravillas de la lactancia y quieren alimentar así a sus bebés… algo falla? El bebé se va a la incubadora, o la mamá necesita un ingreso por pérdida de sangre, o sufre una depresión post-parto, o el bebé no coge el peso mínimo esperado o incluso lo pierde y los pediatras terminan recomendando la leche en polvo, o… un sinfín de situaciones que pueden darse… En estos casos, las madres no están preparadas para afrontarlo.

Está comprobado: a la mayoría les embarga un sentimiento de culpa y de estrés que debemos pensar hasta qué punto es positivo. Esta culpa y este estrés generan inseguridad y ansiedad, que se trasmite al bebé desde el minuto 1. Y por supuesto, esto ya afecta en su desarrollo y en el establecimiento de ese apego con la madre. “Con lo importante que es para mi bebé que yo le amamante, y ahora no puedo. ¿Habré hecho lo suficiente? ¿soy una buena madre?, ¿Se criará bien?”, y un sinfín de preguntas y dudas más que le angustian y reconcomen y cómo no, trasladan al bebé.

Por todo esto, si bien es necesario informar de las bondades de la lactancia materna, tal vez podamos plantear que debemos preparar a las madres para cuando ésta no pueda darse, informar de las diferentes opciones y ayudar así a no alimentar esas angustias y culpas. Por el bien de la madre, y sobre todo, por el del bebé.

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Me ha encantado este post de Elena. Es verdad que parece que desde que nos convertimos en madres nos dan el “carnét de culpabilidad” en el que vamos sumando puntos con cada cosa que sentimos que no logramos. Esta sociedad nos hace creer que somos “super woman” y que debemos llegar a todo, y la tarea de criar a un niño es la más importante del mundo, las madres deberíamos recibir ayuda ante todo en lugar de críticas y opiniones.. Sólo me gustaría aportar que en realidad son muy pocos los casos en los que la lactancia materna no es posible, y a veces se abandonan lactancias por falta de apoyo del entorno más cercano, (pareja, abuelos, pediatra..etc), y esto si que es una pena. La información es muy importante y es básico contar con una persona que nos pueda ayudar si queremos lograr establecer una lactancia natural exitosa, que esté bien formada y actualizada en este tema. En mi caso no lo logré con mi primera hija, sufría la crítica bastante común de “es que no tienes leche“, ¿te suena? Con mi segundo bebé me preparé muy bien y además de contar con mi grupo de apoyo, (puedes ver aquí el listado de los que existen por zonas), también tuve cerca a una excelente compañera y amiga certificada en lactancia materna, mi querida IBCLC a la que le dediqué este artículo. Lo más importante ante todo, respetar a la madre y sus decisiones.

Mil gracias Elena por tu excelente colaboración.

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