Queridos amigos,

Hoy tenemos de nuevo el placer de leer un guest post de nuestra colaboradora Raquel Villaescusa, que como ya os comentamos en su presentación es doula, coach familiar sistémico y acompañante de procesos de cambio.

¡Ahí va!

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La forma de nacer siempre determina el carácter. Genera una impronta en la vida.

El proceso de nacimiento es la primera dificultad con la que nos encontramos, a la hora de llegar a este mundo. Cuanto más natural y sin intervención sea el nacimiento, menos traumática será la experiencia para el bebé, y las primeras horas de vida son fundamentales para aliviar ese trauma, así como el primer año de vida lo es para compensarlo.

Tomar conciencia de esto no  es para asustarse, sino para asimilarlo y actuar en consecuencia. ¡Nosotros tenemos la llave de la felicidad de nuestros hijos!

Conocer nuestro guión natal resulta también muy útil para conocernos a nosotros mismos a través de nuestros nacimientos. Preguntar a muestras madres puede resultar liberador, nutritivo, aportarnos soluciones a muchas de las inseguridades e inquietudes que nos acompañan en nuestra cotidianidad, además de una grata conversación entre madre e hija. ¡Merece la pena saber!

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Los pequeños que nacen por cesárea salen más asustados y suelen ser personas a las que les cuesta concentrarse y son reticentes a los cambios. El exceso de oxitocina acelera el camino y nos convierte en personas con prisa o que no gestionan correctamente sus tiempos. Cuando se atascan en el canal del parto, además de suponer posibles problemas fisiológicos, se asustan más y tienen que hacer más esfuerzo, y es probable que vayan ‘de cabeza’ por la vida. Estas y otras improntas pueden perdurar en nuestras vidas y convertirse en esa parte de nuestra personalidad que sentimos que no nos corresponde.

En la vida la forma de nacer genera una tendencia relacionada con los sentimientos y las emociones que se vivieron en ese momento y que se extrapolan en el carácter y aparecen, con frecuencia desbordantes, en los momentos en los que nos vemos en la necesidad de gestionar conflictos bloqueantes, por estar inmersos en una crisis vital que requiere acceder a las profundidades de nosotros mismos.

Un feto en el vientre materno es capaz de registrar recuerdos en el subconsciente. El nacimiento nos condiciona, y lo hace con tanta fuerza que su recuerdo perdura y nos influye el resto de nuestra vida. La evidencia epigenética demuestra que no son los genes quienes nos determinan, sino el medio ambiente que nos rodea. A pesar de todo ello, y de que hace medio siglo que los profesionales sensibilizados en el tema intentan llamar la atención sobre este hecho, esta realidad ha sido ignorada, y la mayoría de los nacimientos siguen siendo una pesadilla. Una vez más me pregunto: ¿realmente podemos considerarnos una sociedad “civilizada”?.

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Mil gracias Raquel por este estupendo artículo, espero que este tengas mucho éxito en tus charlas sobre este apasionante tema.

 

Un abrazo enorme!

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