Queridos amigos,

En el post de hoy vengo a hablaros de algunas herramientas de la Pedagogía Montessori que ayudan a tranquilizar y buscar la serenidad. Sabemos que los niños son inquietos por naturaleza, raro sería que se estuviesen quietecitos horas y horas, ellos siempre tienen a investigar, jugar y moverse y es lo que tienen que hacer, pero hay veces que están más alterados de la cuenta y queremos ayudarles a calmarse para hacer una actividad más tranquila, y para ello necesitamos recursos.

En primer lugar me gustaría hablar de la importancia de un ambiente preparado, si alguna vez has visto un aula Montessori te habrás dado cuenta de que es muy distinta de un aula tradicional y ya de por si inspira calma. El maestro cede su protagonismo al niño, pasando a ser un guía. Las mesas no están orientadas hacia la pizarra para mirar al profesor, sino en grupos independientes para que cada niño pueda trabajar en su centro de interés. Los materiales están perfectamente clasificados y normalmente distribuidos por áreas o rincones: lenguaje, matemáticas, vida práctica, sensorial y cultura.

Los niños necesitan orden desde pequeñitos, de hecho existe un periodo sensible para el orden. El saber dónde esta cada cosa y poder encontrar siempre cada material en el mismo lugar les ayuda mucho. El orden les da seguridad y estructura, les permite establecer rutinas predecibles. El orden exterior ayuda a construir su orden interior e ir asentando ideas en su mente absorbente, que es la que tienen en el primer plano de desarrollo de 0 a 6 años: la infancia.

 

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El juego del silencio

Una vez hecha esta introducción, os voy a hablar del juego del silencio. No lo conocía pero cuando tuve que hacer mis prácticas como guía Montessori tenía que pensar una actividad para hacer a nivel de grupo y mi compañeras Belén Chulio de  Nacer amar Montessori y Marta Prada de Pequefelicidad me descubrieron este precioso juego Montessori. El objetivo del mismo es ayudar al niño a serenarse y alcanzar la tranquilidad, aprender a disfrutar de los detalles, a escucharse a si mismos, a concentrarse..etc

No debe presentarse como un castigo cuando notamos al niño alterado y queremos un tiempo fuera del tipo “rincón de pensar”, se trata de algo totalmente diferente. Los niños aprenden jugando y por tanto presentamos esta actividad como un juego al que invitamos al niño a participar. Aprender a calmarse unos minutos es complicado y a veces nos cuesta hasta a los adultos. Dedicarse unos minutos a buscar paz interior y escuchar nuestros pensamientos y emociones es un regalo que nos deberíamos conceder a diario, aunque el ritmo de vida que llevamos no nos suele permitirnos este tipo de prácticas estaría genial tenerlas interiorizadas en nuestra cultura, así como para otras la meditación es el pan de cada día.

Este juego puede practicarse tanto de forma individual como grupal.

Si lo hacemos de manera individual es interesante utilizar algún material que ayude al niño a concentrar su atención, (en Montessori siempre vamos de lo concreto a lo abstracto). Por ejemplo, yo me preparé una caja de sorpresas de madera en la que dentro coloqué unas caracolas de mar de esas que se escucha el sonido cuando te las acercas al odio. Lo que quería enseñar a los niños es que hay ciertas cosas que sólo podemos advertir cuando estamos calmados y en silencio, y los sonidos de la naturaleza es una de ellas.. Otra puede ser por ejemplo el latido del corazón de mamá cuando pegamos la cabeza a su pecho, me parece un gesto muy hermoso para practicar la calma, ¿y a ti?

También hay una opción muy conocida de este juego que es utilizar una velita para que el niño concentre su atención en la llama. Una vez trascurrido cierto tiempo le permitimos que la apague y para él será todo un logro.  🙂 Pinchando en la imagen puedes ver un precioso vídeo de esta propuesta.

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Cuando estamos en un aula podemos proponer el juego para hacerlo de forma grupal. En este caso tenemos también varias opciones. Una de ellas puede ser utilizar dos espacios. Primero se sienta a los niños en círculo en el aula y se les invita a calmarse y guardar silencio. La maestra o guía se dirige al segundo espacio y desde allí va llamando a cada niño por su nombre para que acuda a ese lugar. Dice los nombres en voz baja, por lo que para que los niños lo escuchen han de ser capaces de mantener silencio. Cuando el círculo se vuelve a completar en el segundo espacio el juego termina y todos se sienten muy satisfechos de haberlo logrado.

Otra variante es a través de juegos de destreza motora, que es la que presenté yo. Me preparé varias cintas de colores con cascabeles y las coloqué en una típica bandeja Montessori. La idea era trabajar por parejas: los niños agrupados de dos en dos tenían que tomar la cita por cada extremo y desplazarse por un circuito hecho con las sillas de la clase sin que sonaran los cascabeles. El hecho de tener que concentrarse en los movimientos de su cuerpo para evitar el sonido les gustó mucho y les hizo realizar movimientos muy sutiles a la vez que pasar un buen rato. Esta bandeja se puede dejar en el aula, y en aquellos momentos en que algún niño corretea por el ambiente haciendo mucho ruido podemos atarle la cinta a su cintura a modo de cinturón e invitarle a que camine lentamente para que no suenen los cascabeles, esta es una idea mucho más efectiva que la que se nos viene a la cabeza de decir “en clase no se corre”  😉

La idea de trabajar la motricidad haciendo que los niños se desplacen por un circuito en el aula es algo que me gusta mucho y también se puede hacer con varios niños para que entiendan también lo que es el “trabajo en equipo”, hace poco encontré este vídeo en Alquds que me encantó:

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El frasco de la calma

El frasco de la calma es otra herramienta que ideó María Montessori para buscar la misma finalidad: ayudar al niño a serenarse. Al igual que el juego del silencio, no se presenta como un castigo sino más bien como una terapia. Ayuda al niño a despejar su mente al concentrarse en algo concreto, disminuir su estrés y calmar estados de rabia o ira.

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Lo mejor de todo es que es muy fácil de fabricar y en la red hay muchos tutoriales tipo DIY (do it yourself), de tal manera que incluso lo puedes confeccionar con tu peque y de esta forma desarrollar una actividad juntos. Basta con encontrar un tarro de cristal (o de plástico si aún el peque es pequeño y crees que lo puede romper), y hacerse con algo de champú o jabón transparente, purpurina bonita y pegamento.

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Foto de Greenme

¿Qué te han parecido estás ideas? Espero que te ayuden mucho y puedas contarme tu experiencia en los comentarios. Te aseguro que estos métodos FUNCIONAN y es increíble cómo pueden reaccionar los niños cuando les enseñamos a relajarse, ¡ojalá los adultos también empecemos a integrarlo en nuestro día a día!

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